jueves, febrero 12, 2009

R E P L A Y



Creo que la primera vez que tuve un globo de helio fué en el Carnaval del 86, tal vez tuve uno antes de esa fecha, pero mi mente recuerda más esa ocasión porque para mí fué un shock.

Antes de contar el por qué de ese shock, debo hacer un preámbulo de la tacañería de mi viejo. Cuando salíamos a pasear por el zócalo, mi hermana y yo siempre pedíamos un globo metálico o burbujas en su defecto, pero él todo el tiempo respondía que no, que no tenía dinero, que estaba muy caro y por lo general no nos compraba nada, pero de cuando en cuando nos obsequiaba de esos globos pedaceros de colores primarios y atados con un elástico para rebotarlos en la mano... a lo mucho nos daba un frasquito de burbujas para que lo compartiéramos y a la hora de la hora era mi papá el que terminaba soplando en el arito a la mayoría del jabón.

En fin, el Carnaval del 86... de verdad tuvo que ser ese año, y si no lo fué, pues entonces soy demasiado joven como para coquetear con Alzheimer. La cosa está en que se vino toda la flota chilanga de vacaciones, mis tíos y los primos. Salimos a pasear por el malecón y llegamos al zócalo, toda la banda. Recuerdo que era tardísmo para mí en aquél entonces, tal vez eran las 10 y había mucha gente en el centro. En eso, mi hermanita, en aquél entonces como de 4 años dijo:

- ¡Papá, cómprame un globo!

"¡Ja! Sigue intentando, hasta crees que te lo va a comprar." fué lo primero que pensé, dada mi joven experiencia.

- ¿Cuánto cuestan?

- Quince mil pesos, jefe. - dijo el globero.

- ¿Cuál quieres?

- ¡El rojo! - bien que me acuerdo, era febrero, así que el metal rezaba: "I love you"

¡¿QUÉEEEE?! ¡Inaudito! Me había sorprendido tanto que aceptara a comprarlo así a la primera, así que decidí probar suerte yo también, aunque resignada en el fondo a recibir un "No, es para la China porque está chiquita" Estaba segura de que diría eso, pero fué grandioso porque en realidad nos compró uno a cada una. Caray, ahora lo pienso y digo: "¡Baaah, condenado gordo. Nomás nos compraste los pinches globos pa quedar bien con la familia!"

Se hacía todavía más tarde y fuimos a cenar a los Portales de Lerdo. China y yo felices con nuestros respectivos globos. Mi papá y mis tíos se pusieron una peda valhálica criminal y en general nos estabamos divirtiendo, la única que no estaba borracha era mi mamá, pero tenía una cara de mohína que pa qué les cuento, jajaja...

Bueno, yo tenía atado mi precioso globo en la muñeca mientras comía papas fritas, pero noté que a mi hermana le estorbaba, así que se desató el cordel y lo quiso anudar al respaldo de la silla, pero ¡oh tragedia! ¡El globo se le escapó de las manos y fué a dar al altísimo techo del restaurant! ¡En la torre! Con lo duro que es el viejo pensé que en ése momento la regañaría por haberlo obligado a comprar ese globo tan caro. ¡Pero cuaaal! Estaba el hombre tan borracho que hasta le dijo a mi hermana que se lo traería de vuelta.

- ¡A ver Ricardo, ayúdame! - y va mi tío Ricardo, torón como es y que se le monta a mi padre a pilonche.

- No alcanzamos, ¡súbete a la silla!

Allí ven a ese par de beodos. Mi papá se subió a la silla de madera quien sabe cómo, con Ricardo a cuestas. Un mesero acomedido les pasó una vara de hierro - de las que tienen un garfio en el extremo y que sirven para bajar los toldos - así estaban encaramados, pero por chana o juana no conseguían bajar el dichoso globo. Estaba segura de que lo dejarían por la paz, pero de pronto:

- ¡Pancho!

Mi tío Pancho era un palo en ese entonces y aún a estas alturas no termino de comprender cómo rayos le hizo para PARARSE sobre los hombros de Ricardo - recordando que de paso sea dicho estaba montado sobre mi papá, que estaba parado a su vez sobre una silla de madera - "¡Dios mío, se van a caer!" pensaba una y otra vez, como si fuera un mantra. ¡Cuando voltée a ver, toda la gente se había apelotonado en la calle para ver el show! Allí estaban, con cara de espanto esperando a ver a qué hora azotaba la res. Pancho trataba una y otra vez de ensartar el garfio en la gasa del globo, y cada vez que erraba se escuchaban respingos y exclamaciones ahogadas, también recuerdo que relumbraban flashes ocasionales, ¡aquél que estuvieran en el Circo Chino de Pekin! Mis tías y primos desternillandose de risa y mi madre haciendo el coraje de su vida. Un poco más... sólo un poco más y entonces toda la gente del restaurant y la calle estallaron en gritos y aplausos cuando al fin bajaron el mentado globo.


Mi viejo murió el mes pasado de un infarto fulminante y es muy gracioso cómo funciona la muerte. Hace que recuerdes las cosas que te dieron mucho coraje en su momento para que al final te sueltes a reir un buen rato.

Ahora Jean no está. Estaba consciente de quererlo, ¿y por qué no habría de hacerlo? Era mi papá después de todo ¿no? La cosa es que solamente de ésta forma tuve que descubrir lo mucho, mucho que lo amaba, lo mucho que me hace falta y lo poco que se lo dije en vida. El viejo me dió pocos regalos, pero fueron significativos e importantes, ya que aún los conservo conmigo. Con él ví por primera vez un amanecer en la playa, por él fué que aprendí a pescar, por él nació mi amor por los animales y creo que lo que más me define como persona es su influencia en el gusto por el rock, el cine y los libros.

Era entrometido en todo. "¿Ya terminaste tu cuento?" me dijo a la víspera de su partida. Siempre le respondía que no había prisa, que ciertas cosas no convenían apurarlas. El lunes, martes y el resto de la semana me pedía que le platicara mis historias cuando iba por mí al trabajo... y el viernes a medio día murió. Se quejó de un dolor en el hombro que achacaba a que la direccional de la camioneta estaba muy dura, que era muscular... pero él sabía, sabía lo que era en su corazón. Tiempo antes nos dijo que odiaría tener que hacerse viejo y ser una carga. Prefería una muerte rápida y sin despedidas. Siento el pecho perforado sin él a la vista, me duele de una forma insospechada pero de alguna manera creo que fué afortunado de irse justo como él lo deseaba.

Mi hermana dice que de sus hijos, yo era su favorita. Conmigo podía hablar libremente, ya que teníamos muchas cosas en comun. Dice que yo era su favorita, pero aún así... creo que no tuve suficiente de sus globos, sus burbujas y de su amor.

Ay Gordo, ¿por qué tenías que ser tan macho?
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