miércoles, marzo 19, 2008

La Torre


Todos los amigos están aquí, al frente William... jugando pesado están Otto y Julia, Elías es el tipo tumbao y al fondo Valdus, haciéndose el interesante. Creo que ya va siendo hora de que ponga al menos una parte de la historia aquí.

Capítulo I
La Cláusula Escondida


Julie no era una joven lo que se dice felíz. Tenía 17 años cuando su familia entera murió en un accidente. Ése día regresó de la escuela con un montón de tarea y varias de sus compañeras de equipo se quedaron en casa para ayudarle con el trabajo, así que lamentó mucho no poder ir con sus padres.

- ¿Y cuál van a ver? – preguntó Julie.

- Aún no lo sabemos… creo que después de todo tu hermano lo va a decidir a la mera hora. – sonrió su mamá, encogiéndose de hombros. – Hay comida en el refrigerador, si tú o tus amigas quieren, caliéntenla en el microondas, ¿oyeron muchachas? ¡Allí hay comida!

- ¡Ya te escucharon mamá, apúrate que mi papá ya sacó el carro! – dijo Terrence, el hermano de diez años de Julie, que pasó corriendo hacia la entrada.

- ¡Oye, oye, tú sanguijuelita ven acá y dame un beso! – replicó Julie, y el pequeño regresó sobre sus pasos con los ojos en blanco para hacer lo propio. – Ni modo, ya los acompañaré otro día. ¡Que se diviertan!

Ésa fue la última vez que los vió. El pavimento estaba mojado y un camión de volteo los impactó con violencia de un costado cuando los frenos le fallaron en un alto. Su padre y su pequeño hermano murieron instantáneamente, y su madre tres horas después en el hospital… mucha de la alegría de Julie murió esa tarde. No tenía a nadie más y se quedó completamente sola. Sus padres eran buenos doctores y ella, al ser la única sobreviviente de su familia, pudo vivir bien del seguro y la herencia de su padre gracias a la ayuda de un asesor legal que le proporcionó Elías.

Julia solía ser una chica ocurrente y bromista, pero después de lo que ocurrió no le quedaban ánimos para reír nuevamente. El último año de preparatoria y sus primeros dos años en la universidad fueron un infierno, pero ella era fuerte y un largo tiempo después superó la tragedia. Sin embargo, a pesar de eso Julie comenzaba a dudar seriamente de su cordura, pues escuchaba y veía cosas fuera de su lugar. De improviso, los muebles de su casa cambiaban de lugar de un día para otro y ella no recordaba cuándo los había movido, no podía acordarse. O de repente, si estaba leyendo un libro en la parada del autobús y luego levantaba la vista, podía ver con sorpresa que en el terreno baldío de enfrente ahora había un edificio de cuatro pisos. “Me estoy volviendo loca” pensaba ella, toda hecha un manojo de nervios. “Loca de atar” Pero el acabóse fue el día en que vió ése extraño documental en la televisión.

“Hoy 20 de Febrero del 2015, el planeta entero se viste de luto para conmemorar la muerte del último espécimen de las bestias más fantásticas de la tierra” y las imágenes corrían por la pantalla. Se mostraba una película muy vieja y gastada, en ella se podían ver a varias personas corriendo en un campo abierto hacia una gruesa cortina de árboles. Dos de ellos se detienen de golpe, colocan sus cámaras de cine firmemente sobre los tripiés y comienzan a accionar con rapidez las manivelas para filmar. Julie abre los ojos mientras se sienta lentamente en el mullido sillón de la sala para poner mayor atención a la televisión. De repente, lo que sucede en la pantalla la hace respingar y llevarse una mano a la boca. De la espesura salen volando dos enormes sombras aladas, tan rápido que la imagen tiembla para tratar de seguirles el paso. El narrador dice: “Éste filme fue el último registro en movimiento que documentó lo que pareció ser el último vuelo de éstos dragones viejos en el año de 1918…”

- ¿Qué es esto? – chilló Julie.

“Nadie volvió a filmar un dragón vivo poco después de eso. Sin embargo, el hallazgo en los años setentas de un cadáver de éstos enormes reptiles en una caverna de Austria puso a investigar la causa de su muerte a cientos de científicos, determinando así que en ésta misma fecha, pero del año 1961 el último dragón desapareció de la faz de la tierra…”

- ¿Qué es esto, diablos? – replicó ella, poniéndose de pie de un salto. La voz del narrador seguía diciendo cosas incomprensibles y Julie arrojó con furia el control contra la pantalla de su televisor. Se puso de pie y miró todo a su alrededor. ¿Qué, en el nombre del Cielo estaba pasando? Fue a su habitación, pero al caminar por el pasillo que la conduciría a ella, notó que muchos otros libros de los que no tenía memoria aparecieron en el viejo librero, pero había uno en especial que llamó su atención. Era grueso como la sección amarilla de Nueva York y de pasta dura. Julie lo sacó con cierta aprensión y comenzó a hojearlo. “Historia General del Dragón y sus Costumbres” decía la cubierta. En la contraportada había una fotografía de los autores: William Schliegel y Vladyslav Hoffer. Ambos en sus veintitantos y de pie en un campo abierto. William con un sombrero a la moda de los 40’s y Vlad sosteniendo un cigarrillo en los labios. – El abuelo de Elías... y el Vampiro.

Julie examinó el libro y abrió grandes los ojos cuando vió una enorme fotografía en blanco y negro a doble página de unos dragones con las alas extendidas como si fueran águilas peleando. Su vista se paseó por el pie de foto, que decía: “Ésta imagen es única en su género. Tomada por Hayden Janovek en 1912, muestra a un par de Dragones de Gales luchando ferozmente por el territorio. Los machos son quienes usualmente llevan las de perder ante la superioridad en tamaño y fuerza de una hembra adulta, sin embargo...” ella volteó las páginas con rapidez y pudo ver fotografías de los últimos avistamientos. 1898, 1914, 1922... otra magnífica toma mostraba en todo su esplendor a un gran dragón a orillas de Loch Ness.

Eso había sido suficiente, Julie dejó caer el libro y comenzó a gritar como si la mismísima locura estuviera luchando para liberarse de su cuerpo. No volvió a salir de su casa en mucho tiempo por temor a seguir viendo aquellas alucinaciones en la calle, por temor al qué dirán. Su vecina, alertada por aquél repentino ataque de gritos decidió llamar poco después al único amigo de Julie... Elías.

Él era el único indicado pues se conocían desde niños y estudiaron juntos la primaria y parte de secundaria. Eran como hermanos. Elías siempre cuidó de ella y la consoló cuando sus padres murieron... de hecho él era su única familia ahora. Sin embargo, debido a que él estaba entregado a su carrera casi de tiempo completo, era poco menos que imposible que se siguieran frecuentando como antes. No había tenido noticias de Julia en al menos un año, pero para él fue muy grato encontrar una carta de ella en su correo electrónico, aunque aquella fue una rara misiva. “Espero que ésta siga siendo tu dirección... háblame del Vampiro. Necesito saber cuál es su verdadera relación con tu familia...” Eso le había parecido sumamente extraño, pero como se encontraba tan ocupado, no se molestó en responderle de inmediato.

Elías fue despertado por su colega y amigo John Carroll a mitad de la noche en el cuarto de hotel que compartían cuando tomaban un breve descanso en Hong Kong. John tenía el celular de Elías en la mano y tenía el ceño fruncido al escuchar el molesto timbre del móvil.

- ¿Quién te llamará a ésta hora? Alguna amante decepcionada seguramente...

- No tengo vida social, John, ¿cómo podría tener una amante? – Elías entornó los ojos con fuerza, pues la luz de la pantalla le irritó en la oscuridad. Después de aclararse la garganta dijo en tono soñoliento: - Hola, usted está llamando a la pizzería “No Atendemos Pedidos Después de la Media Noche” pero si usted es una hermosa mujer de voz sexy y provocativa entonces nosotros haremos una excepción con muchísimo gusto... – John echó una leve risa desde la cama contigua, pero al parecer, el interlocutor desconocido se había quedado mudo ante la letanía. - ¿Hola?

- Ehh... hola, ¿eres tú Elías? Soy yo, Helena...

- ¡Señora Helena! – Elías miró el reloj y ya no sonreía. Eran las 4:07 a.m. - ¿Qué sucede que me llama a ésta hora? ¿Está todo bien? ¿Le pasó algo a Julie?

- Ay, Dios, qué tonta soy... olvidé que en China es de noche todavía. – contestó la mujer, apenada. – Pero no estás del todo equivocado, precisamente es por eso que te llamo. Julie se está comportando muy rara desde hace unos días y a decir verdad, me está asustando mucho hijo...

- A ver, tranquilícese y explíqueme mejor eso... – contestó Elías, enderezándose por fin mientras se tallaba el cuello.

- Hace y dice cosas muy extrañas, como ejemplo, el otro día la encontré frente al parque y estaba parada simplemente en la acera sin hacer nada, sus libros de medicina en el piso y ella con la cara como si hubiera visto un muerto. Me acerqué para ayudarla a recoger sus cosas y cuando me vió me dijo: “¿Dónde está el centro comercial? Quedé de verme con mi novio aquí... ¿dónde está el centro comercial?” y claro que yo me extrañé de oírla decir eso y le contesté: “Julie... aquí nunca ha habido ningún centro comercial y por cierto, yo no sabía que tienes novio” “¡Desde luego que sí... llevamos saliendo más de un año, ¿es que no te acuerdas?! ¡¿Dónde carajos está el centro comercial?!” ¡Claro que yo me quedé helada! Luego, como si eso no fuera poco, varios días después me preguntó si no había notado los árboles de la avenida, tú sabes que en nuestra calle siempre ha habido almendros. – Elías asentía, escuchando y John ya había prendido la luz. Sabía que se trataba de algo grave sólo de verle la expresión a su amigo. Helena seguía hablando por el teléfono: - No puede dormir, tiene los ojos con unas ojeras como si no hubiera pegado el ojo en todo el mes, se la ve muy flaca ¡y ayer fue lo peor! Se puso a gritar como loca y cuando fui a ver qué le pasaba no quiso ni abrir la puerta. Se la ha pasado encerrada y no quiere hablar con nadie... es por eso que te llamo, Elías... creo que ella necesita ayuda sicológica ¿me entiendes? Me tiene muy preocupada, ¿qué tal si trata de hacerse daño? ¿O si trata de suicidarse... puedes... puedes venir?

- Oh Dios mío... oh, Dios... ¡Pero claro que sí! Qué bueno que me llamó Helena. Arreglaré aquí un par de cosas y luego iré a verla tan pronto como me sea posible... salúdeme a su hermana, por favor.

- ¿Hermana? ¿Qué hermana? – contestó ella en tono confundido y se hizo un silencio incómodo. Elías carraspeó levemente y dijo:

- Pues su hermana, la Señora Patricia...

- ¿Qué te sucede, Elías? Yo no tengo ninguna hermana, recuerda que vivo con mi esposo... – la voz en el auricular sonaba realmente confundida y el antropólogo frunció el ceño. Se hizo un nuevo silencio. – Bueno... creo que ésta llamada va a salir muy cara, así que mejor me despido. Cuídate mucho y discúlpame por haberte despertado, ¿está bien?

- Claro, no hay problema. Hasta luego. – Elías se quedó mirando su celular cuando ella colgó y no pudo fruncir más el ceño. ¿Qué rayos había sido eso? El conocía bien a las vecinas de Julie, eran dos hermanas solteronas muy dulces desde que tenía memoria. ¿Y Helena se había casado? Si lo había hecho le extrañó que Julie no se lo hubiera comentado. Levantó la vista y notó que John lo miraba, preocupado. Elías marcó de inmediato a la casa de Julia en Manhattan. Nadie contestó, luego intentó con el móvil, pero una grabación le indicó que ése número no existía. – Qué extraño... ¿Puedes pasarme mi laptop? Tengo que escribirle a Julia...

- ¿Qué le pasa? ¿Está enferma?

- No lo sé, J.C. Pero lo que me dijo su vecina me ha quitado el sueño... hace un par de semanas recibí una carta de Sherezada, pero era muy corta y fría... ella no es así.

- ¿Regresarás a Nueva York? – preguntó su amigo y Elías sólo asintió mientras sus dedos bailaban sobre el teclado. No demoró mucho en arreglar sus asuntos con el resto de su equipo, así que casi al término de la semana John lo dejó en el Aeropuerto Internacional de Hong Kong. – Bueno, te vas justo ahora cuando las cosas empiezan a pintar bien para todos... – musitó, mientras le ayudaba a bajar las maletas del auto. – Te perderás del vino, el champán, los honores y las mujeres. – Elías soltó una risa y ambos se dieron un breve abrazo.

- ¿Cuáles mujeres, si no somos rockstars? Lo más seguro es que a la rueda de prensa te acompañe tu abuelita solamente.

- Salúdame a Julie y no dudes en llamarme si algo llegara a pasar.

- Gracias por ocuparte de todo, John. Te debo una. – se estrecharon las manos y después de un momento Elías se perdió entre la muchedumbre de la terminal.


Un nublado domingo, el timbre sonó varias veces en casa de Julie, pero ella no respondió. Estaba recostada en el sillón grande de la sala, mirando la chatarra maltrecha que había sido su televisión y no pensaba abrir hasta que escuchó la voz de su amigo.

- Sé que estás allí Julia Vázquez. Ábreme ahora o de lo contrario tumbaré la puerta a patadas. – dijo él, medio en broma con las manos bien metidas en los bolsillos de su chaqueta. Oyó que accionaban cerrojos y demás seguros en la puerta y el rostro latino de Julie asomó del otro lado. Elías tragó saliva al verle la cara. Había adelgazado muchísimo, lucía demacrada, sumamente cansada y tenía el cabello grasoso. Julia abrió la puerta de par en par y se paró, descalza debajo del umbral. Elías sintió entonces una gran culpa por no haber estado con ella en todo ese tiempo. Le tomó casi un minuto volver a articular palabra. – Oye... ¿qué ha pasado aquí? Me estaba bajando del taxi y un hombre que jamás había visto me saludó como si tuviera años de no verme... y luego... éstos almendros... – dijo Elías, señalando de costado todos los árboles plantados a ambos lados de la avenida. – Los trajeron hace poco, ¿verdad?

- El que te saludó es el esposo de Helena, no tiene sentido ¿eh? – interrumpió ella, dudando. - ¿Desde hace cuanto estás en la ciudad?

- Acabo de llegar... – Elías la miraba de pies a cabeza como si así pudiera descubrir algún signo de locura. Julie se demoró en contestar. Notó la cara de susto que él tenía... más bien era terror y preocupación por cómo la había encontrado. “Maldición, Helena. Tú le llamaste... lo sacaste de su trabajo y ahora está aquí por mí” pensó Julie, muy molesta. Pero a la vez se sintió confortada de ver nuevamente el amado rostro de su mejor amigo. Los ojos se le llenaron de lágrimas. – Sherezada, parece que no te has bañado en una semana... ¿estás bien?

- No. Creo que no estoy bien... y el mundo tampoco está bien. – a Elías le dolió mucho verla tan trastornada y se acercó para abrazarla. Julie correspondió con fuerza y se quedaron así largo rato en la entrada, luego de un momento la joven se separó de él y arrastró las maletas de Elías adentro. - ¿Quieres café?

- Preferiría té de manzanilla, por favor.

- No te juntes mucho con John y su flema inglesa, ya hasta el acento le estás copiando. – mientras él observaba el desorden dentro de la casa, Julie puso a hervir agua en la tetera. Elías se sentó en un banquito, al lado de la barra de la cocina.

- Cuéntame qué te está pasando... ¿por qué dices que el mundo no está bien?

- Lo acabas de ver tú también ¿y no te has dado cuenta? – Julia lo miró en silencio pero él lucía confundido, como si no entendiera de qué le estaba hablando. – Al principio no lo notaba, pero después... después los muebles de mi casa cambiaban de lugar, yo no sabía cuándo había pasado y lo más tonto que se me ocurrió fue que a lo mejor mi casa estaba embrujada, ¡pero luego se puso peor! ¡Un día salí a la calle y de pronto estaban todos estos enormes almendros adornando la avenida...!

- ¿Has pensado en la posibilidad de que estés padeciendo lagunas mentales?

- No lo sé... no sé porqué me está pasando esto ahora, Elías. No recuerdo muchas cosas... y no estoy segura si alguna de ellas me las he inventado.

- ¿Cosas como qué?

- Yo estoy segura de que tenía un novio. – y la tetera comenzó a silbar, así que Julie vertió en agua en dos tazas con sobres de té. - ¿Tú... te acuerdas de él?

- ¡Claro que sí! – respondió con cierto desdén. – El idiota que siempre sintió celos de mí...

- ¡Elías! ¿De verdad lo recuerdas?

- Sí. ¿Qué hay con Andrew?

- Desapareció. Es como si a él y su familia los hubiese tragado la tierra... aquél día quería terminar con él... quedé de verme con él en el centro comercial. Nuestra relación no iba nada bien, ¿sabes? Estaba harta de que fuera tan posesivo y celoso. – y Elías asintió. – Pero en fin... llego al lugar y veo que todo ha cambiado, no hay centro comercial y tampoco está Andrew. Le llamo a su celular, el número no existe, le llamo a su casa y resulta que es una lavandería. Díme tú, ¿de verdad me estoy volviendo loca? Todo ha cambiado; para bien de alguna forma, pero nadie parece darse cuenta... ¿has visto los noticieros?

- Me temo que no... he estado muy ocupado.

- ¿Cómo te ha ido con tu equipo? – inquirió la chica, cambiando un poco de tema. Le echó dos terrones de azúcar a la taza de Elías, justo como a él le gustaba.

- ¡Oh, no sabes! ¡Encontramos algo muy importante en China, no vas a creerlo! Excavando en la tumba de lo que parecía ser un noble de la Dinastía Ming...

- Déjame adivinar. Encontraron una especie de gran reptil... ¿un dragón quizás? – interrumpió Julie, sonriendo sin ganas. Elías la miró en silencio con ojos muy abiertos y después frunció el ceño.

- ¿C-có-cómo supiste eso? ¿Quién te lo dijo? No pudo haber sido John... – y Julia negó con la cabeza y se encogió de hombros. – Lo encontramos no exactamente en la tumba, sino metros y metros más abajo... una especie totalmente diferente de reptil. Una serpiente grande y larga como una anaconda, ¡pero con patas parecidas a las de la iguana! Asombroso, si fuera tan fantasioso como tú hasta diría que se trata de un dragón, como en los antiguos grabados chinos...

- ¡Porque era un dragón chino, Elías!

- No seas tonta, no un dragón, sino un dinosaurio. Éste era del final del Cretácico y por ende imposible que fuera visto por los hombres para ser catalogado como dragón. – mientras lo decía se fue caminando a la sala con la taza en la mano y frunció el ceño al ver la televisión hecha pedazos. - ¡Dios mío, Julie! ¡Mataste a tu nana! ¿Por qué lo has hecho?

- Decían puras cosas sin sentido. ¿Es que acaso no miras los noticieros?

- He estado viajando por el mundo, no tengo tiempo de ver la televisión.

- Olvídalo. Supongo que después de todo, las cosas que aprendí de niña son un mero invento mío... me he resignado. – declaró la chica en un tono abatido al notar que él no le prestaba mucha atención ahora.

Elías recorrió con su vista las decenas de discos que su amiga poseía en el mueble donde tenía el estéreo. Su cerebro le pedía escuchar algo añejo en ése momento. Algo añejo y picante al mismo tiempo. Tal vez un poco de grunge no estaría nada mal. Buscó y buscó el viejo disco de portada azul de Nirvana, pero a cambio de eso encontró el álbum Viaje Mágico y Misterioso de los Beatles, eso no era lo raro, a Julie le fascinaba ésta banda. Lo que llamó la atención de Elías fue que era un álbum doble y la portada tenía ligeras modificaciones... como que había un espléndido dibujo de un dragón sobre Paul y en general la carátula parecía la portada de un fenomenal cuento para niños. “No sabía que hubiese salido una edición especial de éste disco con canciones inéditas” pensó él, confundido.

- Oye, ¿dónde está el Nevermind? – y Julie levantó la vista como si no creyera lo que acababa de oír. Después de un silencio incómodo Elías volvió a repetir: - El disco que te regalé, ¿dónde está?

- Dios mío, no estoy loca después de todo. Elías... Nirvana nunca existió, al menos para el resto del mundo. Los registros de esa banda se han borrado incluso de internet...

- Julie, me estás asustando mucho...

- El grunge no fue iniciado por Nirvana, sino por Pearl Jam y los Stone Temple Pilots. – Elías puso cara de “Dios mío, está loca de atar” pero su amiga levantó las manos con gesto suplicante y siguió hablando. – Por favor, por favor, sé que no me crees una sola palabra, pero por favor prende entonces la radio en lo que yo busco algo para mostrarte. Si notas algo fuera de lugar te darás cuenta de lo que estoy hablando. – y al instante se retiró a su recámara a buscar en el librero. Elías por otro lado se empezaba a poner nervioso, aunque a la vez deseaba creerle en el fondo. Pensó que debía seguirle la corriente de mientras, así que prendió el estéreo y comenzó a sintonizar una banda cualquiera en FM. Se detuvo al escuchar en una estación la voz inconfundible de John Lennon.

“Me volví loco al pensar
que jamás te volvería a abrazar
Un mes entero lloré...
Oh, jamás te volvería a besar

¿Perdonarme podrás?
¿Perdonarme y olvidar?”

La canción continuó hablando de amor perdido y reencontrado. Elías, que estaba sentado en el mullido sillón de la sala frunció el ceño. No recordaba esa canción tan bella. Se enderezó lentamente, deleitándose con la letra y la música hasta el final. Pero entonces saltó de su asiento y subió el volumen con el control remoto al escuchar a la locutora decir: “Acabas de escuchar To Forgive and Forget del maestro Lennon. Canción que permaneció 7 meses entre los primeros lugares del Top 20 en 1986. Soy Marcy Callaghan, no te despegues, rolas de The Cure al volver. Esto es Dreamy Eighties.”

- ¿Qué? ¿Mil novecientos...? ¡¿Escuchaste eso, Julia?! ¿Mil novecientos ochenta y seis? ¿Por qué dijo eso? ¿Y qué canción es ésa? ¡Jamás la había escuchado!

- Lo sé, el disco que tiene esa canción apareció de la nada un día en mi colección. Todo ha cambiado, investigué y ahora por todos lados se dice que Lennon murió en el 2006. – respondió Julia desde su recámara.

- ¡No es posible! ¡Esto es de locos! – apagando el estéreo como si tuviera una suerte de embrujo. Volvió a revisar los discos en la estantería y vió que había muchas otras bandas de las que él jamás había oído hablar, y eso que él era aficionado a la buena música. – Es... es como si se hubiera alterado la realidad... Dios mío, es por eso que Doña Helena negó tener una hermana...

- Así es... una realidad en donde no existe mi ex, ni la hermana de mi vecina, donde John Lennon no muere asesinado en 1980 ¡y donde Kurt Cobain es escritor de cuentos para niños! – exclamó Julia, regresando a la sala para mostrarle un libro ilustrado de pasta dura. – Éste lo compré la semana pasada, ¡es muy bueno!

- ¿La Venganza de Frances Farmer? ¡Suave! – exclamó Elías, hojeando el libro y viendo las ilustraciones con una ancha sonrisa. Al menos no estaba muerto.

- Estabas tan ocupado en China que ni te diste cuenta que el mundo cambió a tu alrededor...

- ¿Por qué entonces lo puedo notar yo también y nadie más?

- No lo sé... pero creo que tu abuelo tiene que ver con esto. Mira... – y le mostró el libro de los dragones que ella había encontrado.

- Qué raro... mi abuelo nunca mencionó que hubiese escrito un libro con el Vampiro... ¡Oh... Dios mío... ¿e-éstas fotos son reales?! ¡Mira a mi tío, se ve tan joven! ¡¿Quieres decir que los dragones existieron de verdad?! – balbuceó Elías con ojos casi tan redondos como la armazón de sus lentes al ver las fotos antiguas y leer el contenido. - ¿Qué le pusiste al té? ¿Qué está pasando?

- Yo no lo sé, Elías. Ahora que tú también lo estás notando esperaba que pudieras decírmelo. – dijo Julie con rostro preocupado. - ¿Qué vamos a hacer?

El hombre se quedó pensando un momento y luego preguntó:

- ¿Puedo hacer una llamada de larga distancia? – Elías tomó el teléfono cuando ella asintió. Cogió el directorio telefónico para consultar el código de larga distancia a Austria. “Espero que esté allí... espero que aún viva” pensó él. Después de marcar un número largísimo esperó... espero... y se sorprendió al notar que el corazón le bombeaba con fuerza. Una voz grave y deliciosamente áspera contestó al final del noveno timbrazo. Elías respiró aliviado, agradecido. Era él en persona...

- ¿Aló?

- Tío Vlad. Soy Elías... ¿c-c-cómo estás?

- Aahh. Mi predilecto. – dijo el Vampiro del otro lado, y Elías habría apostado los encantos de Julie a que el viejo sonreía. Su voz era penetrante, se antojaba al producto de la mezcla de años de cigarro con un poco de alcohol. – Hace unos días pensaba en ti, galán. ¿Cómo te fue en China?

- <¿Por qué nunca me dijiste que escribiste un libro con el abuelo? ¿Un libro sobre dragones?> - antes de que se diera cuenta, Elías ya estaba hablando en alemán y Julie lo miraba absorta. -

- Ja. – afirmó el anciano de forma determinante. – De hecho estaba pensando que ya te estabas tardando en llamar.

- ¿Qué está diciendo? – inquirió Julie.

- Él sabe lo que está pasando. – susurró Elías, mientras tapaba la bocina con una mano, luego reanudó la conversación. – Díme, Vlad. ¿Por qué sólo nosotros lo sabemos?

- Mein Gott. Serías muy tonto si creyeras que te voy a contestar eso por teléfono. A cambio, ¿por qué no vienen tú y froelain Vazquez a mi casa? Estoy ansioso por verla de nuevo...

- ¡¿Cómo sabes que estoy con Julie?!

- Tengo identificador de llamadas, Sherlock.

- Pero... ¿de verdad? ¿Quieres que Julie y yo volemos hasta Austria?

- Hay dos boletos de avión en línea que requieren confirmación. Los estaré esperando. – sin decir más, el Vampiro colgó.

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Es un fragmento del primer capítulo. Si me piden más puede que cuelgue el resto.
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