jueves, marzo 27, 2008

Eisenstadt


Este es un pueblito en las montañas de Austria hoy en día... pero por el año 700 DC, éste país germano se llamaba Panonia. Aquí, en el castillo de los Von Hopffer es donde se desarrolla la historia de La Torre. Tengo pensada que este podría ser el fondo de la portada.

miércoles, marzo 26, 2008

I'm hungry...


Burger Time!
Cargado originalmente por Cuauhtli Charecua
Llevo más de una semana escribiendo éste estúpido ensayo acerca de los paparazzis y aún no le veo fin. Tambien he estado viendo sitios interesantes como mattepainting.org y después de ver los "sketches" de 1 o 2 horas que se avientan otros artistas me dan ganas de arrojarme de cabeza desde lo alto de un barranco. Bajé las colecciones de brochas de Zhuzhu pero aún así no llego a los resultados que quiero. Deseo desarrollar mis habilidades y practico mucho, pero aún estoy hambrienta. Abajo un detalle de la supuesta portada de mi novela gráfica.


Por cierto, mi último descubrimiento es éste fabuloso software de ilustración llamado Sai. Es un verdadero pastelito, la interfaz es amigable y fácil de entender. Y las brochas, oh my God, están de campeonato. Aquí un sketch de prueba hecho en minutos:
Oekaki

martes, marzo 25, 2008

Delphinus sapiens

En el principio, y con su pensamiento, creó Dios el átomo y éste fue el primer eslabón del que estaría hecho todo el tejido de la creación. Dirigió el Gran Espíritu a todos sus ayudantes - que se había forjado mucho antes de que existiera el tiempo - diciéndoles la forma en que habían de tejer las redes del universo. Largo y esmeroso fue su trabajo, y ellos crearon un lugar magnífico en donde abundaba el aire limpio, agua y los seres vivos. Sin embargo, aún cuando era un solo mundo, existían allí mismo dos universos que siempre estaban guerreando... la Tierra y el Océano.

Así pues, de todos los seres que llegaron primero fueron los delfines los más hermosos y sabios de toda la creación. Heredaron la gracia, la inteligencia y el gozo del Padre, y además eran fuertes y veloces; pero sobre todo eran tardos para la cólera, al igual que Él. Durante milenios aprendieron todos los secretos del mar y de las profundidades abisales... nada les estaba oculto a su pensamiento y jamás dejaban de sorprenderse ante las maravillas del mundo. Con el paso del tiempo se dieron cuenta que poseían muchas habilidades mentales, así que eventualmente adquirieron formas diversas, se hicieron brazos y piernas para poder caminar por la tierra seca, ya que les daba curiosidad; sin embargo, decidieron que debían regresar al mar pues no soportaban la luz intensa y el calor del sol.

Hasta el más pequeño de ellos tenía poderes extrasensioriales, ya no necesitaban el lenguaje sencillo que les había sido dado para comunicarse y optaron por intercambiar ideas telepáticamente. Aún así, se dejaron puestos los cuerpos que habían usado para caminar en la tierra y su inteligencia seguía creciendo y creciendo hasta el punto en podían dominar la materia según la voluntad de sus mentes. Con ella tenían la capacidad de manipular el agua y otras formas tangibles, incluso a nivel molecular. Por eso los delfines nunca tenían un cuerpo definido a través de todas las eras. Construyeron grandes ciudades submarinas dentro de enormes y majestuosas burbujas de aire y eran maestros en toda clase de artes, pero si se los provocaba, podían llegar a ser terribles e impredecibles como el feroz tiburón. Por mucho tiempo prosperaron las ciencias y la cultura... pero pocos años después olvidaron por completo que debían cuidar y mantener la santidad del Océano. Se volvieron vanidosos y poco faltó para que reinara el caos, pero por fortuna se dieron cuenta de sus errores. Desconcertados y a la vez arrepentidos de todas las atrocidades que su ciencia le había acarreado al mar, repararon los daños y después de mucho, mucho tiempo las aguas del Océano quedaron restauradas y limpias de contaminación. Había empezado una nueva era.

Fue entonces, que incluso hasta en los abismos submarinos retembló la tierra y sintieron el poder de su Creador una vez más sobre las aguas, pues había llegado el hombre. Los delfines se sintieron contentos, ya que podían percibir que ésta, al igual que ellos era otra criatura a la semejanza de Dios. Y entonces subieron a la superficie después de cientos de años para contemplar a sus hermanos menores, y vieron que la humanidad era hermosa también. En la antigüedad, cuando los delfines se mostraron ante ellos, los hombres se impresionaron porque eran altos y poderosos, sus cabellos eran grises o blancos, de pálida piel azul, y sus miradas eran amigables, aunque penetrantes. Fueron llamados Atlantes por los hombres porque eran los Señores del Océano. A pesar de que la amistad con ellos fue sana e incondicional, los delfines regresaron al mar por segunda ocasión porque sus vidas se acortaban a medida que estaban bajo el sol. Regresaron y no volvieron más.

Otros cientos de años pasaron y paulatinamente adquirieron conciencia de que para realizar las tareas encomendadas en su mundo no necesitaban de los hermosos cuerpos que se habían forjado, así que regresaron a la forma original que el Padre les dio en un principio y volvieron a usar el antiguo lenguaje ultrasónico. Los delfines se dieron cuenta por fin que no tenían que ostentar todo su poder en vanalidades y apariencias. Vive, deja vivir, cuídate a ti mismo y ama a los demás, ésa era su filosofía. En toda la larga historia del mundo ningún delfín jamás mató a otro delfín por grave que fuera la ofensa. Ellos solos, de entre todas las creaciones fueron los que en verdad llegaron a existir en armonía suprema con Dios, la naturaleza y entre ellos mismos. Los hombres jamás se imaginaron ni tuvieron sospecha alguna de que los venerables atlantes y los delfines eran un único pueblo.

Ahora bien, también la humanidad prosperaba, crearon cosas maravillosas, y de todas éstas, la favorita de los delfines era la música. El principal poder del hombre fue su imaginación, pero por desgracia eso se convirtió en su arma más letal con el paso del tiempo. Además eran rebeldes, decidieron apartarse del Creador y por lo mismo rompieron el equilibrio. Se multiplicaron exponencialmente sin medir las consecuencias y el uso desmedido de su tecnología dañó no sólo su mundo, sino también el de los primogénitos. Los delfines eran tomados por “animales simpáticos” durante la adolescencia de la humanidad, los hombres sospechaban vagamente que ellos podrían tener una mente superior, pero nunca tuvieron la verdadera intención de comunicarse, ya que la mayoría de los humanos eran soberbios, vivían cegados por la avaricia y sus propios intereses. Sin embargo llegó el día, después de muchos milenios, en que descubrieron que los delfines habían sido los primeros Amos del Mundo, descubrieron que habían sido ellos los que construyeron las grandes metrópolis olvidadas en los lugares ocultos del Océano... y los cazaron, dándose así la más terrible de las persecuciones. Pero por extraño que pudiera parecerle a los hombres, los delfines no pelearon, tenían el poder para aniquilar a la raza humana y podrían haberlo hecho fácilmente, reclamando el planeta que les pertenecía por ley y derecho. No lo hicieron, preferían morir antes que lastimar a sus hermanos.

La atmósfera se había convertido en un humo ponzoñoso a causa de las constantes guerras bacteriológicas. El hombre contaminó todas las aguas y exterminó la mayor parte de los animales. Los poco más de doscientos delfines que quedaban en la Tierra lloraron amargamente ésta desgracia y con todo su dolor decidieron irse. Una vez más usaron sus poderes, y con la marea alta salieron del Océano ultrajado, dejaron sus cuerpos marinos de carne, transformándose en energía... y se fueron volando hacia la Luna, que los llamaba. Los espíritus de los delfines miraron desde el espacio que en el lado oscuro de la Tierra brillaban múltiples explosiones cual destellos rojos en una guerra y se lamentaron de toda la miseria y destrucción reinantes. “Puede que aún no sea tarde, puede que recapaciten” se decían ellos, con lágrimas en los ojos... pero aún siguen esperando, esperando, esperando.

Ventanas de Madera

Una Historia del Puerto

¿Cómo empezó toda la plática? Ah, sí… estaba yo comiendo pozole en casa de mi abuela y le comentaba que cuando era niña recordaba que antes habían más cangrejos y muchos hoyos en la arena y que cuando caminabas por la orilla, las conchitas eran tantas, que incluso se te metían entre los dedos de las patas. Mi abuela se echó a reír... pero después comenzó a toser como loca; creo que se le fue chueca la saliva, le dí agua para que se calmara y me quedé con ella hasta que se le pasó la tos.

Ése día mi mamá me mandó a su casa con medicinas y un pay de queso, para que se lo comiera. Estuve con la abuela toda la tarde y la cuidé porque le dolían los huesos. El doctor decía que su enfermedad se llamaba “Osteoporosis”, aunque tengo catorce años, estoy segura de que a mí no me gustaría tener ése mal, “¡Dios me libre!” (así como dicen ella y mi papá). En fín; mi abuela, que se llama Sofía, me estaba contando que el hotel que se llama “Howard Johnson”, antes se llamaba “Puerto Bello”, y antes de eso, se llamaba “Capri”. ¡Órale!, exclamé sorprendida y me sonrió con su boca sin dientes y las arrugas de su experiencia. Me dijo que cuando ella era niña, ni ése hotel, ni el “bulevar”, ni la Escuela Náutica existían en ése entonces, en cambio, todo eso era arena, y la playa se extendía hasta donde ahora es el hotel... se me hizo algo muy raro, pero puedo imaginármelo...

Había casitas hechas con tablones cerca del mar, allí vivían los pescadores y sus familias. Por aquél tiempo mi abuela y sus padres eran pobres. Vivían también en una casa de tablones con ventanas de madera, así que por la noche se podían escuchar el vaivén de las olas a lo lejos; y como casi no había electricidad, la luz de la luna hacía parecer como si hubieran miles de diamantes regados sobre la playa tranquila. Por las mañanas a Chofi –así le decían a mi abue cuando tenía siete u ocho años- le gustaba irse corriendo desde su casa a la playa para jugar con la palomilla de chamacos. Le gustaba andar descalza y meter los pies en el agua, en aquél entonces cristalina. Si te metías más al fondo podías ver fácilmente las lisas y los peces aguja y también jiníguaros, sardinas, y caballitos de mar, éstos últimos los había por montones, pero poco a poco se fueron acabando porque la gente los disec aba pa’ venderlos en el malecón.

“¡Asu’ abue! Si asi de bonito estaba antes ¿te imaginas cómo habrá estado el puerto en el tiempo en que Don Beno Juárez dijo que ‘Sólo Veracruz es Bello’ ?” le comenté asombrada con la cara apoyada sobre la mano.

“Pos’ sí m’hija, a mí también me gustaba más antes, pero ya ves”

Cuando creció un poco más le encantaba sacar conchitas del mar, claro que las más bonitas las encontraba más lejos, entonces Chofi se íba nadando hasta la punta del rompeolas, en donde ahora está el faro verde y de allí sacaba sus conchitas, caracoles, piedra múcara y caballitos de mar. A su mamá –que era mi abuela Porfiria- no le gustaba nadita que se fuera hasta allá, así que en una ocasión en que mi abuela regresaba por la tarde a su cantón, su mamá la estaba esperando con una jetota...

“¿Dónde andabas, cabrona? Te juiste a nadar a la bocana, ¿verdad?”

“¡No amá!”, le respondió la abuela, ¡pero cuál! Si de todas formas se delataba ella misma con el montón de tiliches que llevaba en su morralito, -que estaba mojado con agua salada- ¡Y que le van pegando una cueriza con la hebilla del cinturón!

Sí...a mi abue le pegaba mucho su jefa. Por cualquier cosita; qué feo ¿no? Mi abuela dice que quería más a su papá porque nunca le gritó, ni le alzó la mano alguna vez. Pero él raras veces estaba en la casa, siempre estaba pescando en su lanchita, dormía en todo el día, y en la noche, como a eso de la una se hacía a la mar con los demás pescadores. Chofi disfrutaba mucho cuando su viejo se quedaba con ellas los fines de semana, incluso, sí había buena marea, les llevaba pescado grande para atiborrarse. Así que mi abuela no cambiaba por nada la mojarra frita con limón que hacía su mamá Porfiria, según me dicen, le quedaba como para chuparse los dedos... ¡Ay, hasta agua se me hace la boca!

Me contó que a sus papás les encantaba pasear en el tranvía cuando andaban de novios y también de la ocasión en que su papá salió a pescar por última vez, porque la tormenta se lo llevó mar adentro y se tragó su embarcación. ¡Cómo han de haber llorado ésa pérdida la niña y su mamá! Fue algo mucho muy triste.

“¡Ay!”, suspiró mi abuela, al recordar el pasado; después de un momento, me miró con una sonrisilla pícara. “No te he hablado de los congales, ¿verdad?”

“¿Los qué...?”

“Con-ga-les... los cabarets, pues”

Mi abuela dice que los congales estaban a la altura del Club de Regatas, le gustaba caminar por la banqueta, descalza como siempre, a lo largo de todas las cantinitas y cabaretuchos de mala muerte y ella dice que siempre, siempre se encontraba un titipuchal de tostones en el piso –porque se les caían a los borrachines que pasaban por allí- así que todos los centavitos que acababan en sus manos se los daba a su mamá Porfiria.

"Sí, eran un monón de bares… por ejemplo, había uno que se llamaba 'Montecarlo', 'Las Gaviotas', 'Candilejas'… 'El Foco Rojo' " dijo sonriendo. "Se veía todo muy rústico, estaban los congales pintados –algunos- de azul cielo y las ventanas tenían barrotes de madera pintados de rojo.”

Ella dijo que si escuchabas decir a los hombres en aquél tiempo: “Me encontré a una niña de boquita pintada” o, “Estuve con una muchacha de tacón alto”, entonces se referían a las prostitutas que estaban a la entrada de los cabarets.

“¡Qué nombres tan raros para ésas mujeres”, le dije yo cuando me acabé el pozole. “Ahora lo acortan diciéndoles ‘Sexoservidoras’ ¿eh?”

“¡Putas, qué! ¡Así me ahorro más saliva!”, exclamó mi abuela, riéndose como loca de su comentario. Y no tuve más remedio que contagiarme de ésa risa, aunque luego, como de costumbre comenzó a toser de nuevo hasta que se le pasó. “¡Cóño, ésta pinche tos!”

¡Ah! También estaba mala de los pulmones, porque cómo le hacía al cigarro, y se enojaba cuando me negaba a comprarle sus cajetillas en la esquina de Xicoténcatl. Primero rechistaba, pero como que luego entraba en razón. De la cocina nos pasamos a la sala y seguimos hablando; de cuando creció y conoció a mi abuelo, cuando se casaron, y también de cuando se separaron, por razones que hasta el día de hoy, no me son muy claras. Seguimos platicando acerca de los cambios que ha sufrido la ciudad por el paso del tiempo, de que el restaurante más famoso de Veracruz a principios de los ochentas era “La Olímpica del Puerto”, que estaba ni más ni menos en donde ahora está el “Nuevo Café de la Parroquia”, enfrente del malecón; mi abuela y yo platicamos largo y tendido... cuando me dí cuenta ya era de noche y me levanté del sillón a cerrar las ventanas y las cortinas de toda la casa. Mi abuela Chofi siguió con su bordado en lo que yo regresaba.

“Cuando yo era chamaca nos dormíamos con la puerta y las ventanas abiertas”, suspiró mi abuela, sin levantar la vista de su bordado.

“¡Ay, no es cierto!” repliqué con toda la incredulidad.

“Sí, m’ija” contestó muy seria. “Nuestra puerta ni siquiera tenía chapa... entraba el fresco de la noche bieeen bonito. No que ‘ora todo el mundo tiene que estar encerrado, cuidándose de que no le aprieten a uno el pescuezo.” Y se calló, siguiéndose de largo con el hilo y la aguja... creo que sintió muchísima nostalgia porque ví que de sus ojitos escurrieron las lágrimas. No me dijo nada más... y como me sentí algo incómoda prendí la tele...a veces pienso que a mi abuela la alcanzó el futuro... más pronto de lo que ella hubiera deseado...


A Palmira, la abnegada y sincera.

Para María, que tuvo que ser fuerte.

Y a Tomasa, la de corazón noble...



-Publicado en el suplemento El Paliacate del periódico Sur, ahora Imagen el día domingo 13 de Enero del 2002.-

miércoles, marzo 19, 2008

La Torre


Todos los amigos están aquí, al frente William... jugando pesado están Otto y Julia, Elías es el tipo tumbao y al fondo Valdus, haciéndose el interesante. Creo que ya va siendo hora de que ponga al menos una parte de la historia aquí.

Capítulo I
La Cláusula Escondida


Julie no era una joven lo que se dice felíz. Tenía 17 años cuando su familia entera murió en un accidente. Ése día regresó de la escuela con un montón de tarea y varias de sus compañeras de equipo se quedaron en casa para ayudarle con el trabajo, así que lamentó mucho no poder ir con sus padres.

- ¿Y cuál van a ver? – preguntó Julie.

- Aún no lo sabemos… creo que después de todo tu hermano lo va a decidir a la mera hora. – sonrió su mamá, encogiéndose de hombros. – Hay comida en el refrigerador, si tú o tus amigas quieren, caliéntenla en el microondas, ¿oyeron muchachas? ¡Allí hay comida!

- ¡Ya te escucharon mamá, apúrate que mi papá ya sacó el carro! – dijo Terrence, el hermano de diez años de Julie, que pasó corriendo hacia la entrada.

- ¡Oye, oye, tú sanguijuelita ven acá y dame un beso! – replicó Julie, y el pequeño regresó sobre sus pasos con los ojos en blanco para hacer lo propio. – Ni modo, ya los acompañaré otro día. ¡Que se diviertan!

Ésa fue la última vez que los vió. El pavimento estaba mojado y un camión de volteo los impactó con violencia de un costado cuando los frenos le fallaron en un alto. Su padre y su pequeño hermano murieron instantáneamente, y su madre tres horas después en el hospital… mucha de la alegría de Julie murió esa tarde. No tenía a nadie más y se quedó completamente sola. Sus padres eran buenos doctores y ella, al ser la única sobreviviente de su familia, pudo vivir bien del seguro y la herencia de su padre gracias a la ayuda de un asesor legal que le proporcionó Elías.

Julia solía ser una chica ocurrente y bromista, pero después de lo que ocurrió no le quedaban ánimos para reír nuevamente. El último año de preparatoria y sus primeros dos años en la universidad fueron un infierno, pero ella era fuerte y un largo tiempo después superó la tragedia. Sin embargo, a pesar de eso Julie comenzaba a dudar seriamente de su cordura, pues escuchaba y veía cosas fuera de su lugar. De improviso, los muebles de su casa cambiaban de lugar de un día para otro y ella no recordaba cuándo los había movido, no podía acordarse. O de repente, si estaba leyendo un libro en la parada del autobús y luego levantaba la vista, podía ver con sorpresa que en el terreno baldío de enfrente ahora había un edificio de cuatro pisos. “Me estoy volviendo loca” pensaba ella, toda hecha un manojo de nervios. “Loca de atar” Pero el acabóse fue el día en que vió ése extraño documental en la televisión.

“Hoy 20 de Febrero del 2015, el planeta entero se viste de luto para conmemorar la muerte del último espécimen de las bestias más fantásticas de la tierra” y las imágenes corrían por la pantalla. Se mostraba una película muy vieja y gastada, en ella se podían ver a varias personas corriendo en un campo abierto hacia una gruesa cortina de árboles. Dos de ellos se detienen de golpe, colocan sus cámaras de cine firmemente sobre los tripiés y comienzan a accionar con rapidez las manivelas para filmar. Julie abre los ojos mientras se sienta lentamente en el mullido sillón de la sala para poner mayor atención a la televisión. De repente, lo que sucede en la pantalla la hace respingar y llevarse una mano a la boca. De la espesura salen volando dos enormes sombras aladas, tan rápido que la imagen tiembla para tratar de seguirles el paso. El narrador dice: “Éste filme fue el último registro en movimiento que documentó lo que pareció ser el último vuelo de éstos dragones viejos en el año de 1918…”

- ¿Qué es esto? – chilló Julie.

“Nadie volvió a filmar un dragón vivo poco después de eso. Sin embargo, el hallazgo en los años setentas de un cadáver de éstos enormes reptiles en una caverna de Austria puso a investigar la causa de su muerte a cientos de científicos, determinando así que en ésta misma fecha, pero del año 1961 el último dragón desapareció de la faz de la tierra…”

- ¿Qué es esto, diablos? – replicó ella, poniéndose de pie de un salto. La voz del narrador seguía diciendo cosas incomprensibles y Julie arrojó con furia el control contra la pantalla de su televisor. Se puso de pie y miró todo a su alrededor. ¿Qué, en el nombre del Cielo estaba pasando? Fue a su habitación, pero al caminar por el pasillo que la conduciría a ella, notó que muchos otros libros de los que no tenía memoria aparecieron en el viejo librero, pero había uno en especial que llamó su atención. Era grueso como la sección amarilla de Nueva York y de pasta dura. Julie lo sacó con cierta aprensión y comenzó a hojearlo. “Historia General del Dragón y sus Costumbres” decía la cubierta. En la contraportada había una fotografía de los autores: William Schliegel y Vladyslav Hoffer. Ambos en sus veintitantos y de pie en un campo abierto. William con un sombrero a la moda de los 40’s y Vlad sosteniendo un cigarrillo en los labios. – El abuelo de Elías... y el Vampiro.

Julie examinó el libro y abrió grandes los ojos cuando vió una enorme fotografía en blanco y negro a doble página de unos dragones con las alas extendidas como si fueran águilas peleando. Su vista se paseó por el pie de foto, que decía: “Ésta imagen es única en su género. Tomada por Hayden Janovek en 1912, muestra a un par de Dragones de Gales luchando ferozmente por el territorio. Los machos son quienes usualmente llevan las de perder ante la superioridad en tamaño y fuerza de una hembra adulta, sin embargo...” ella volteó las páginas con rapidez y pudo ver fotografías de los últimos avistamientos. 1898, 1914, 1922... otra magnífica toma mostraba en todo su esplendor a un gran dragón a orillas de Loch Ness.

Eso había sido suficiente, Julie dejó caer el libro y comenzó a gritar como si la mismísima locura estuviera luchando para liberarse de su cuerpo. No volvió a salir de su casa en mucho tiempo por temor a seguir viendo aquellas alucinaciones en la calle, por temor al qué dirán. Su vecina, alertada por aquél repentino ataque de gritos decidió llamar poco después al único amigo de Julie... Elías.

Él era el único indicado pues se conocían desde niños y estudiaron juntos la primaria y parte de secundaria. Eran como hermanos. Elías siempre cuidó de ella y la consoló cuando sus padres murieron... de hecho él era su única familia ahora. Sin embargo, debido a que él estaba entregado a su carrera casi de tiempo completo, era poco menos que imposible que se siguieran frecuentando como antes. No había tenido noticias de Julia en al menos un año, pero para él fue muy grato encontrar una carta de ella en su correo electrónico, aunque aquella fue una rara misiva. “Espero que ésta siga siendo tu dirección... háblame del Vampiro. Necesito saber cuál es su verdadera relación con tu familia...” Eso le había parecido sumamente extraño, pero como se encontraba tan ocupado, no se molestó en responderle de inmediato.

Elías fue despertado por su colega y amigo John Carroll a mitad de la noche en el cuarto de hotel que compartían cuando tomaban un breve descanso en Hong Kong. John tenía el celular de Elías en la mano y tenía el ceño fruncido al escuchar el molesto timbre del móvil.

- ¿Quién te llamará a ésta hora? Alguna amante decepcionada seguramente...

- No tengo vida social, John, ¿cómo podría tener una amante? – Elías entornó los ojos con fuerza, pues la luz de la pantalla le irritó en la oscuridad. Después de aclararse la garganta dijo en tono soñoliento: - Hola, usted está llamando a la pizzería “No Atendemos Pedidos Después de la Media Noche” pero si usted es una hermosa mujer de voz sexy y provocativa entonces nosotros haremos una excepción con muchísimo gusto... – John echó una leve risa desde la cama contigua, pero al parecer, el interlocutor desconocido se había quedado mudo ante la letanía. - ¿Hola?

- Ehh... hola, ¿eres tú Elías? Soy yo, Helena...

- ¡Señora Helena! – Elías miró el reloj y ya no sonreía. Eran las 4:07 a.m. - ¿Qué sucede que me llama a ésta hora? ¿Está todo bien? ¿Le pasó algo a Julie?

- Ay, Dios, qué tonta soy... olvidé que en China es de noche todavía. – contestó la mujer, apenada. – Pero no estás del todo equivocado, precisamente es por eso que te llamo. Julie se está comportando muy rara desde hace unos días y a decir verdad, me está asustando mucho hijo...

- A ver, tranquilícese y explíqueme mejor eso... – contestó Elías, enderezándose por fin mientras se tallaba el cuello.

- Hace y dice cosas muy extrañas, como ejemplo, el otro día la encontré frente al parque y estaba parada simplemente en la acera sin hacer nada, sus libros de medicina en el piso y ella con la cara como si hubiera visto un muerto. Me acerqué para ayudarla a recoger sus cosas y cuando me vió me dijo: “¿Dónde está el centro comercial? Quedé de verme con mi novio aquí... ¿dónde está el centro comercial?” y claro que yo me extrañé de oírla decir eso y le contesté: “Julie... aquí nunca ha habido ningún centro comercial y por cierto, yo no sabía que tienes novio” “¡Desde luego que sí... llevamos saliendo más de un año, ¿es que no te acuerdas?! ¡¿Dónde carajos está el centro comercial?!” ¡Claro que yo me quedé helada! Luego, como si eso no fuera poco, varios días después me preguntó si no había notado los árboles de la avenida, tú sabes que en nuestra calle siempre ha habido almendros. – Elías asentía, escuchando y John ya había prendido la luz. Sabía que se trataba de algo grave sólo de verle la expresión a su amigo. Helena seguía hablando por el teléfono: - No puede dormir, tiene los ojos con unas ojeras como si no hubiera pegado el ojo en todo el mes, se la ve muy flaca ¡y ayer fue lo peor! Se puso a gritar como loca y cuando fui a ver qué le pasaba no quiso ni abrir la puerta. Se la ha pasado encerrada y no quiere hablar con nadie... es por eso que te llamo, Elías... creo que ella necesita ayuda sicológica ¿me entiendes? Me tiene muy preocupada, ¿qué tal si trata de hacerse daño? ¿O si trata de suicidarse... puedes... puedes venir?

- Oh Dios mío... oh, Dios... ¡Pero claro que sí! Qué bueno que me llamó Helena. Arreglaré aquí un par de cosas y luego iré a verla tan pronto como me sea posible... salúdeme a su hermana, por favor.

- ¿Hermana? ¿Qué hermana? – contestó ella en tono confundido y se hizo un silencio incómodo. Elías carraspeó levemente y dijo:

- Pues su hermana, la Señora Patricia...

- ¿Qué te sucede, Elías? Yo no tengo ninguna hermana, recuerda que vivo con mi esposo... – la voz en el auricular sonaba realmente confundida y el antropólogo frunció el ceño. Se hizo un nuevo silencio. – Bueno... creo que ésta llamada va a salir muy cara, así que mejor me despido. Cuídate mucho y discúlpame por haberte despertado, ¿está bien?

- Claro, no hay problema. Hasta luego. – Elías se quedó mirando su celular cuando ella colgó y no pudo fruncir más el ceño. ¿Qué rayos había sido eso? El conocía bien a las vecinas de Julie, eran dos hermanas solteronas muy dulces desde que tenía memoria. ¿Y Helena se había casado? Si lo había hecho le extrañó que Julie no se lo hubiera comentado. Levantó la vista y notó que John lo miraba, preocupado. Elías marcó de inmediato a la casa de Julia en Manhattan. Nadie contestó, luego intentó con el móvil, pero una grabación le indicó que ése número no existía. – Qué extraño... ¿Puedes pasarme mi laptop? Tengo que escribirle a Julia...

- ¿Qué le pasa? ¿Está enferma?

- No lo sé, J.C. Pero lo que me dijo su vecina me ha quitado el sueño... hace un par de semanas recibí una carta de Sherezada, pero era muy corta y fría... ella no es así.

- ¿Regresarás a Nueva York? – preguntó su amigo y Elías sólo asintió mientras sus dedos bailaban sobre el teclado. No demoró mucho en arreglar sus asuntos con el resto de su equipo, así que casi al término de la semana John lo dejó en el Aeropuerto Internacional de Hong Kong. – Bueno, te vas justo ahora cuando las cosas empiezan a pintar bien para todos... – musitó, mientras le ayudaba a bajar las maletas del auto. – Te perderás del vino, el champán, los honores y las mujeres. – Elías soltó una risa y ambos se dieron un breve abrazo.

- ¿Cuáles mujeres, si no somos rockstars? Lo más seguro es que a la rueda de prensa te acompañe tu abuelita solamente.

- Salúdame a Julie y no dudes en llamarme si algo llegara a pasar.

- Gracias por ocuparte de todo, John. Te debo una. – se estrecharon las manos y después de un momento Elías se perdió entre la muchedumbre de la terminal.


Un nublado domingo, el timbre sonó varias veces en casa de Julie, pero ella no respondió. Estaba recostada en el sillón grande de la sala, mirando la chatarra maltrecha que había sido su televisión y no pensaba abrir hasta que escuchó la voz de su amigo.

- Sé que estás allí Julia Vázquez. Ábreme ahora o de lo contrario tumbaré la puerta a patadas. – dijo él, medio en broma con las manos bien metidas en los bolsillos de su chaqueta. Oyó que accionaban cerrojos y demás seguros en la puerta y el rostro latino de Julie asomó del otro lado. Elías tragó saliva al verle la cara. Había adelgazado muchísimo, lucía demacrada, sumamente cansada y tenía el cabello grasoso. Julia abrió la puerta de par en par y se paró, descalza debajo del umbral. Elías sintió entonces una gran culpa por no haber estado con ella en todo ese tiempo. Le tomó casi un minuto volver a articular palabra. – Oye... ¿qué ha pasado aquí? Me estaba bajando del taxi y un hombre que jamás había visto me saludó como si tuviera años de no verme... y luego... éstos almendros... – dijo Elías, señalando de costado todos los árboles plantados a ambos lados de la avenida. – Los trajeron hace poco, ¿verdad?

- El que te saludó es el esposo de Helena, no tiene sentido ¿eh? – interrumpió ella, dudando. - ¿Desde hace cuanto estás en la ciudad?

- Acabo de llegar... – Elías la miraba de pies a cabeza como si así pudiera descubrir algún signo de locura. Julie se demoró en contestar. Notó la cara de susto que él tenía... más bien era terror y preocupación por cómo la había encontrado. “Maldición, Helena. Tú le llamaste... lo sacaste de su trabajo y ahora está aquí por mí” pensó Julie, muy molesta. Pero a la vez se sintió confortada de ver nuevamente el amado rostro de su mejor amigo. Los ojos se le llenaron de lágrimas. – Sherezada, parece que no te has bañado en una semana... ¿estás bien?

- No. Creo que no estoy bien... y el mundo tampoco está bien. – a Elías le dolió mucho verla tan trastornada y se acercó para abrazarla. Julie correspondió con fuerza y se quedaron así largo rato en la entrada, luego de un momento la joven se separó de él y arrastró las maletas de Elías adentro. - ¿Quieres café?

- Preferiría té de manzanilla, por favor.

- No te juntes mucho con John y su flema inglesa, ya hasta el acento le estás copiando. – mientras él observaba el desorden dentro de la casa, Julie puso a hervir agua en la tetera. Elías se sentó en un banquito, al lado de la barra de la cocina.

- Cuéntame qué te está pasando... ¿por qué dices que el mundo no está bien?

- Lo acabas de ver tú también ¿y no te has dado cuenta? – Julia lo miró en silencio pero él lucía confundido, como si no entendiera de qué le estaba hablando. – Al principio no lo notaba, pero después... después los muebles de mi casa cambiaban de lugar, yo no sabía cuándo había pasado y lo más tonto que se me ocurrió fue que a lo mejor mi casa estaba embrujada, ¡pero luego se puso peor! ¡Un día salí a la calle y de pronto estaban todos estos enormes almendros adornando la avenida...!

- ¿Has pensado en la posibilidad de que estés padeciendo lagunas mentales?

- No lo sé... no sé porqué me está pasando esto ahora, Elías. No recuerdo muchas cosas... y no estoy segura si alguna de ellas me las he inventado.

- ¿Cosas como qué?

- Yo estoy segura de que tenía un novio. – y la tetera comenzó a silbar, así que Julie vertió en agua en dos tazas con sobres de té. - ¿Tú... te acuerdas de él?

- ¡Claro que sí! – respondió con cierto desdén. – El idiota que siempre sintió celos de mí...

- ¡Elías! ¿De verdad lo recuerdas?

- Sí. ¿Qué hay con Andrew?

- Desapareció. Es como si a él y su familia los hubiese tragado la tierra... aquél día quería terminar con él... quedé de verme con él en el centro comercial. Nuestra relación no iba nada bien, ¿sabes? Estaba harta de que fuera tan posesivo y celoso. – y Elías asintió. – Pero en fin... llego al lugar y veo que todo ha cambiado, no hay centro comercial y tampoco está Andrew. Le llamo a su celular, el número no existe, le llamo a su casa y resulta que es una lavandería. Díme tú, ¿de verdad me estoy volviendo loca? Todo ha cambiado; para bien de alguna forma, pero nadie parece darse cuenta... ¿has visto los noticieros?

- Me temo que no... he estado muy ocupado.

- ¿Cómo te ha ido con tu equipo? – inquirió la chica, cambiando un poco de tema. Le echó dos terrones de azúcar a la taza de Elías, justo como a él le gustaba.

- ¡Oh, no sabes! ¡Encontramos algo muy importante en China, no vas a creerlo! Excavando en la tumba de lo que parecía ser un noble de la Dinastía Ming...

- Déjame adivinar. Encontraron una especie de gran reptil... ¿un dragón quizás? – interrumpió Julie, sonriendo sin ganas. Elías la miró en silencio con ojos muy abiertos y después frunció el ceño.

- ¿C-có-cómo supiste eso? ¿Quién te lo dijo? No pudo haber sido John... – y Julia negó con la cabeza y se encogió de hombros. – Lo encontramos no exactamente en la tumba, sino metros y metros más abajo... una especie totalmente diferente de reptil. Una serpiente grande y larga como una anaconda, ¡pero con patas parecidas a las de la iguana! Asombroso, si fuera tan fantasioso como tú hasta diría que se trata de un dragón, como en los antiguos grabados chinos...

- ¡Porque era un dragón chino, Elías!

- No seas tonta, no un dragón, sino un dinosaurio. Éste era del final del Cretácico y por ende imposible que fuera visto por los hombres para ser catalogado como dragón. – mientras lo decía se fue caminando a la sala con la taza en la mano y frunció el ceño al ver la televisión hecha pedazos. - ¡Dios mío, Julie! ¡Mataste a tu nana! ¿Por qué lo has hecho?

- Decían puras cosas sin sentido. ¿Es que acaso no miras los noticieros?

- He estado viajando por el mundo, no tengo tiempo de ver la televisión.

- Olvídalo. Supongo que después de todo, las cosas que aprendí de niña son un mero invento mío... me he resignado. – declaró la chica en un tono abatido al notar que él no le prestaba mucha atención ahora.

Elías recorrió con su vista las decenas de discos que su amiga poseía en el mueble donde tenía el estéreo. Su cerebro le pedía escuchar algo añejo en ése momento. Algo añejo y picante al mismo tiempo. Tal vez un poco de grunge no estaría nada mal. Buscó y buscó el viejo disco de portada azul de Nirvana, pero a cambio de eso encontró el álbum Viaje Mágico y Misterioso de los Beatles, eso no era lo raro, a Julie le fascinaba ésta banda. Lo que llamó la atención de Elías fue que era un álbum doble y la portada tenía ligeras modificaciones... como que había un espléndido dibujo de un dragón sobre Paul y en general la carátula parecía la portada de un fenomenal cuento para niños. “No sabía que hubiese salido una edición especial de éste disco con canciones inéditas” pensó él, confundido.

- Oye, ¿dónde está el Nevermind? – y Julie levantó la vista como si no creyera lo que acababa de oír. Después de un silencio incómodo Elías volvió a repetir: - El disco que te regalé, ¿dónde está?

- Dios mío, no estoy loca después de todo. Elías... Nirvana nunca existió, al menos para el resto del mundo. Los registros de esa banda se han borrado incluso de internet...

- Julie, me estás asustando mucho...

- El grunge no fue iniciado por Nirvana, sino por Pearl Jam y los Stone Temple Pilots. – Elías puso cara de “Dios mío, está loca de atar” pero su amiga levantó las manos con gesto suplicante y siguió hablando. – Por favor, por favor, sé que no me crees una sola palabra, pero por favor prende entonces la radio en lo que yo busco algo para mostrarte. Si notas algo fuera de lugar te darás cuenta de lo que estoy hablando. – y al instante se retiró a su recámara a buscar en el librero. Elías por otro lado se empezaba a poner nervioso, aunque a la vez deseaba creerle en el fondo. Pensó que debía seguirle la corriente de mientras, así que prendió el estéreo y comenzó a sintonizar una banda cualquiera en FM. Se detuvo al escuchar en una estación la voz inconfundible de John Lennon.

“Me volví loco al pensar
que jamás te volvería a abrazar
Un mes entero lloré...
Oh, jamás te volvería a besar

¿Perdonarme podrás?
¿Perdonarme y olvidar?”

La canción continuó hablando de amor perdido y reencontrado. Elías, que estaba sentado en el mullido sillón de la sala frunció el ceño. No recordaba esa canción tan bella. Se enderezó lentamente, deleitándose con la letra y la música hasta el final. Pero entonces saltó de su asiento y subió el volumen con el control remoto al escuchar a la locutora decir: “Acabas de escuchar To Forgive and Forget del maestro Lennon. Canción que permaneció 7 meses entre los primeros lugares del Top 20 en 1986. Soy Marcy Callaghan, no te despegues, rolas de The Cure al volver. Esto es Dreamy Eighties.”

- ¿Qué? ¿Mil novecientos...? ¡¿Escuchaste eso, Julia?! ¿Mil novecientos ochenta y seis? ¿Por qué dijo eso? ¿Y qué canción es ésa? ¡Jamás la había escuchado!

- Lo sé, el disco que tiene esa canción apareció de la nada un día en mi colección. Todo ha cambiado, investigué y ahora por todos lados se dice que Lennon murió en el 2006. – respondió Julia desde su recámara.

- ¡No es posible! ¡Esto es de locos! – apagando el estéreo como si tuviera una suerte de embrujo. Volvió a revisar los discos en la estantería y vió que había muchas otras bandas de las que él jamás había oído hablar, y eso que él era aficionado a la buena música. – Es... es como si se hubiera alterado la realidad... Dios mío, es por eso que Doña Helena negó tener una hermana...

- Así es... una realidad en donde no existe mi ex, ni la hermana de mi vecina, donde John Lennon no muere asesinado en 1980 ¡y donde Kurt Cobain es escritor de cuentos para niños! – exclamó Julia, regresando a la sala para mostrarle un libro ilustrado de pasta dura. – Éste lo compré la semana pasada, ¡es muy bueno!

- ¿La Venganza de Frances Farmer? ¡Suave! – exclamó Elías, hojeando el libro y viendo las ilustraciones con una ancha sonrisa. Al menos no estaba muerto.

- Estabas tan ocupado en China que ni te diste cuenta que el mundo cambió a tu alrededor...

- ¿Por qué entonces lo puedo notar yo también y nadie más?

- No lo sé... pero creo que tu abuelo tiene que ver con esto. Mira... – y le mostró el libro de los dragones que ella había encontrado.

- Qué raro... mi abuelo nunca mencionó que hubiese escrito un libro con el Vampiro... ¡Oh... Dios mío... ¿e-éstas fotos son reales?! ¡Mira a mi tío, se ve tan joven! ¡¿Quieres decir que los dragones existieron de verdad?! – balbuceó Elías con ojos casi tan redondos como la armazón de sus lentes al ver las fotos antiguas y leer el contenido. - ¿Qué le pusiste al té? ¿Qué está pasando?

- Yo no lo sé, Elías. Ahora que tú también lo estás notando esperaba que pudieras decírmelo. – dijo Julie con rostro preocupado. - ¿Qué vamos a hacer?

El hombre se quedó pensando un momento y luego preguntó:

- ¿Puedo hacer una llamada de larga distancia? – Elías tomó el teléfono cuando ella asintió. Cogió el directorio telefónico para consultar el código de larga distancia a Austria. “Espero que esté allí... espero que aún viva” pensó él. Después de marcar un número largísimo esperó... espero... y se sorprendió al notar que el corazón le bombeaba con fuerza. Una voz grave y deliciosamente áspera contestó al final del noveno timbrazo. Elías respiró aliviado, agradecido. Era él en persona...

- ¿Aló?

- Tío Vlad. Soy Elías... ¿c-c-cómo estás?

- Aahh. Mi predilecto. – dijo el Vampiro del otro lado, y Elías habría apostado los encantos de Julie a que el viejo sonreía. Su voz era penetrante, se antojaba al producto de la mezcla de años de cigarro con un poco de alcohol. – Hace unos días pensaba en ti, galán. ¿Cómo te fue en China?

- <¿Por qué nunca me dijiste que escribiste un libro con el abuelo? ¿Un libro sobre dragones?> - antes de que se diera cuenta, Elías ya estaba hablando en alemán y Julie lo miraba absorta. -

- Ja. – afirmó el anciano de forma determinante. – De hecho estaba pensando que ya te estabas tardando en llamar.

- ¿Qué está diciendo? – inquirió Julie.

- Él sabe lo que está pasando. – susurró Elías, mientras tapaba la bocina con una mano, luego reanudó la conversación. – Díme, Vlad. ¿Por qué sólo nosotros lo sabemos?

- Mein Gott. Serías muy tonto si creyeras que te voy a contestar eso por teléfono. A cambio, ¿por qué no vienen tú y froelain Vazquez a mi casa? Estoy ansioso por verla de nuevo...

- ¡¿Cómo sabes que estoy con Julie?!

- Tengo identificador de llamadas, Sherlock.

- Pero... ¿de verdad? ¿Quieres que Julie y yo volemos hasta Austria?

- Hay dos boletos de avión en línea que requieren confirmación. Los estaré esperando. – sin decir más, el Vampiro colgó.

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Es un fragmento del primer capítulo. Si me piden más puede que cuelgue el resto.

Diana


I've been watching Justice League Unlimited too much, LOL! In fact, this is the first time in my life I draw Wonder Woman, and she is damn sexy!

Preparing for the next crawl!


This is the city hall in downtown, Veracruz, México.

jueves, marzo 13, 2008

Don Fito y Doña Palmi


These guys are my uncle and my grandmother. I just adore them! Done with pencils, markers and photoshop, 2 hours. And below is a rocker meeting a tomato. He is singing Staring at the Sun by Offspring. The sketches of this day are served, ladies and gentlemen. XD

miércoles, marzo 12, 2008

Tarzan time!


Mo' Tarzan sketches bro'!

Nesserand Ghayierd



Nesserand es estoico y viejo, mas no frío. Creo que es una criatura con la necesidad de usar una máscara porque en el fondo siente demasiado. No es humano, ni tampoco elfo... sino un dragón negro, uno de los primogénitos de la creación. Él es un personaje terciario en El Sueño de Cheldrin, pero protagonista de La Marca. Ambos por cierto, proyectos aún sin concluír. Porca miseria! Antes de llegar a éste último look hice muchos bocetos de David Bowie para basarme en cómo quería sus ojos.

Markl


Markl
Cargado originalmente por Cuauhtli Charecua
Sketches from Howl's moving Castle. He looks kinda girlie don't you think? Reminds me of Range Murata style a bit. Done with pencils and markers. 1 hour.

And these are some random sketchcrawlings. Country landscape and a hot guy waiting for the bus. He looked a lot like a younger version of Neil Gaiman! Watercolor pencils, 20 minutes.

Dragon Whisperer


Merchant, traveler, swordsman, dragon whisperer, horse lover and holy scriptures translator. Meet Valdus Von Hopffer Bauer long before the lose of his left eye. The kids are his brothers: Otto and Wilhem.

Characters from my novel in progress: Der Turm - Ein Zeitreisenmärchen.

jueves, marzo 06, 2008

Otto sketchdump



Mad scientist, mathematician, time traveler, swordsmith and ocasional baby-sitter. Julie and Elijah as special guests. Characters from my novel in progress: Der Turm - Ein Zeitreisenmärchen.

¿Es posible viajar en el tiempo? Si el hombre lo ha imaginado entonces es posible.
Olinka ate too much chocolate and left some right on her cheek. So, this is Otto having his last bite of Hershey's directly from her face! XD